Como sucede con otros cultivos, el espárrago verde exige paciencia y planificación, pero el premio lo compensa todo. Una esparraguera bien establecida puede producir durante más de diez años, siempre que se respeten ciertas condiciones básicas relacionadas con el suelo, el clima y el control agronómico. Ahora bien, ¿cuál es el punto de partida para lograr una plantación rentable y de calidad?

El suelo, la base de todo
El espárrago desarrolla un sistema radicular profundo, por lo que necesita terrenos sueltos, aireados y con buen drenaje. Los suelos arcillosos o con tendencia a retener agua suelen generar problemas de asfixia radicular y enfermedades, reduciendo la vida útil del cultivo.
Antes de comenzar con el proceso de plantado, es recomendable eliminar restos vegetales y aportar materia orgánica bien descompuesta, además de comprobar el pH, que debería situarse cerca de valores neutros, y corregir posibles carencias minerales mediante abonado de fondo. Esta preparación inicial condiciona los primeros años de desarrollo, que son los más sensibles.
Clima y calendario de plantación
El espárrago verde se adapta bien a climas templados, con inviernos fríos moderados y primaveras suaves. Estas condiciones favorecen una brotación escalonada y turiones más rectos y compactos. Al fin y al cabo, las heladas durante el periodo de cosecha pueden dañar los turiones, mientras que el calor excesivo acelera su apertura y reduce la calidad comercial.
La plantación suele realizarse a finales del invierno o comienzos de la primavera, utilizando garras o plantones certificados. Durante el primer año no se recolecta nada: la planta debe concentrar su energía en formar raíces fuertes. En el segundo se permite una cosecha muy limitada y no es hasta el tercer año cuando la producción alcanza un nivel estable.
Tradición agrícola en Granada y Huétor Tájar
La Vega de Granada figura desde hace años entre las principales zonas productoras de espárrago verde en España, donde confluyen suelos fértiles, buena disponibilidad de agua y una larga experiencia agrícola. Fruto de décadas de selección varietal y adaptación a las condiciones locales, el espárrago de Huétor Tájar se ha convertido en un referente por su textura, sabor y homogeneidad.
Esa trayectoria explica en buena medida el reconocimiento que ha ido ganando el producto. Además de la variedad empleada, influyen factores acumulados con el tiempo: cómo se prepara la tierra, cuándo se recolecta o cómo se gestiona cada campaña.
De la explotación al mercado profesional
Una vez recolectados, los espárragos verdes deben enfriarse rápidamente para preservar su frescura y evitar la pérdida de firmeza. Posteriormente, se clasifican por calibre, se limpian y se envasan según los estándares exigidos por el mercado.
Gran parte de esta producción se integra en los circuitos de distribución de verduras al por mayor, que abastecen tanto a mercados centrales como a cadenas de distribución, restauración colectiva y comercios. En este tramo final de la cadena agroalimentaria entran en juego aspectos como la trazabilidad, la conservación en frío y la logística para que el producto llegue en condiciones óptimas. Así, el espárrago recorre un camino que comienza bajo tierra y termina en el consumidor profesional.