Elegir las tarifas de luz no debería ser una lotería, pero para mucha gente lo es. Por esta razón, a continuación te vamos a enseñar a mirar tu propio consumo para que sepas qué tipo de contrato encaja con tu rutina.

Tarifa Despreocúpate
Si hay una palabra que define la tarifa fija es previsibilidad. Mantienes un precio fijo del kWh durante 12 meses, sin importar lo que haga el mercado mayorista esa semana. Esto la convierte en la favorita de quien prefiere saber exactamente cuánto va a gastar cada mes, sin sustos ni necesidad de estar pendiente de gráficos de precios.
Ahora bien, esa tranquilidad tiene un precio. Por eso, tiene sentido sobre todo si tu consumo es constante a lo largo del día, sin picos muy marcados, y si además valoras la estabilidad por encima del ahorro máximo. Las familias con horarios fijos, personas mayores o quien simplemente no quiere complicarse la vida suelen encajar mejor aquí.
Tarifa Lúcete
La tarifa indexada va pegada al precio del mercado eléctrico hora a hora, lo que significa que un día puede salir barata y otro cara. Suena arriesgado, y en parte lo es, pero también abre la puerta a ahorros importantes si sabes moverte. La clave está en desplazar el consumo hacia las horas baratas del mercado donde el precio suele bajar.
Esto la hace perfecta para quien tiene lavadora, lavavajillas o coche eléctrico y puede programarlos para que funcionen de madrugada. Esta tarifa puede resultar interesante para quien tenga flexibilidad para consultar los precios horarios y trasladar parte de su consumo a las horas en las que el mercado resulte más barato. Eso sí, requiere algo de disciplina. Si no estás dispuesto a mirar cuándo conviene encender según la hora, esta tarifa puede jugarte en contra.
Tarifa Benefíciate
Aquí entramos en las tarifas con tramos horarios, normalmente divididas en punta, llano y valle. La idea es simple. El precio del kWh cambia según tres franjas —punta, llano y valle—, pero, a diferencia de una tarifa indexada, conoces de antemano el precio aplicable en cada una. Es un punto intermedio entre la certeza de la fija y la volatilidad de la indexada, porque conoces los precios de cada franja de antemano pero igual necesitas adaptar tus hábitos.
El problema es que mucha gente contrata este tipo de tarifa y sigue usando la lavadora a las ocho de la tarde como si nada, con lo cual pierde toda la ventaja. Para que funcione, tienes que ser consciente de qué aparatos puedes retrasar sin que te afecte. Por ejemplo, la lavadora, el lavavajillas, el termo eléctrico o la carga del coche son los candidatos idóneos para mover a horas valle.
Entonces, ¿cómo saber cuál conviene realmente?
Todo esto se resume en una pregunta: ¿conoces tu propio patrón de consumo? Antes de firmar cualquier contrato, revisa tus facturas de los últimos meses y fíjate en las curvas de consumo por hora, que la mayoría de distribuidoras ponen a tu disposición en la app o la web. Ahí verás si tu consumo es plano, si tienes picos claros o si ya usas mucho la noche sin darte cuenta. Con esa información, la elección se vuelve mucho más sencilla.