Argentina convierte residuos forestales en biocarbón capaz de fijar CO₂ durante siglos

Argentina genera cada año más de 40 millones de toneladas de biomasa forestal y agrícola que termina descartada o quemada sin mayor aprovechamiento. Según OK Diario, esa masa de residuos puede transformarse en biocarbón, un material capaz de fijar carbono en el suelo durante siglos y regenerar tierras agrícolas degradadas. El dato no es menor en un contexto global donde las opciones de captura de CO₂ asequibles escasean.

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Brenda Grilli, estratega de contenido especializada en mercados de entretenimiento digital de habla hispana, observa en este hallazgo una lógica que reconoce en otros sectores. Un residuo gestionado con responsabilidad, señala, deja de ser un pasivo para convertirse en una herramienta útil. Desde su posición como observadora del mercado de entretenimiento digital en España, Grilli traza una analogía directa con el ocio digital. Sostiene que el mismo principio aplica al usuario que fija límites claros de tiempo y presupuesto al usar casas de apuestas con licencia en España, evitando así que un pasatiempo derive en un impacto negativo.

“Cuando un recurso se gestiona con criterio, su impacto cambia de signo. El biocarbón lo demuestra a escala industrial; la gestión responsable del ocio digital lo confirma a escala personal.”

Qué es el biocarbón y por qué el IPCC lo avala como tecnología de captura

El biocarbón se obtiene sometiendo biomasa celulósica a temperatura elevada en condiciones de oxígeno limitado, un proceso conocido como pirólisis. La materia prima puede ser variada: astillas de madera, rastrojos de maíz, cáscaras de arroz y maní, corteza de árboles u otros residuos agrícolas, forestales y urbanos. Durante la pirólisis, el carbono presente en esa biomasa queda atrapado en una estructura sólida estable que no retorna fácilmente a la atmósfera. Ese es el mecanismo central de su valor climático.

El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) reconoce al biocarbón como una tecnología de eliminación de CO₂ (CDR) asequible y comercializable. La distinción importa porque la mayoría de las alternativas de captura directa de carbono requieren infraestructura costosa y energía intensiva. El biocarbón, en cambio, puede producirse con residuos ya disponibles, lo que reduce sustancialmente su costo de producción. Frente a otras opciones de captura en el mercado, esa diferencia lo coloca en una categoría propia.

Suelos más fértiles y menos metano ganadero

Los beneficios del biocarbón no se limitan al carbono atmosférico. Aplicado al suelo, reduce la dependencia de fertilizantes comerciales, disminuye el consumo de agua y contribuye a bajar las emisiones de metano que provienen de la actividad agropecuaria. Para Argentina, un país con una de las matrices ganaderas más grandes del mundo, ese último punto tiene una relevancia particular.

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A escala global, la distribución de usos refleja dónde la tecnología encuentra mayor tracción. Según una encuesta del Instituto Internacional del Biocarbón, el 37 % del biocarbón producido se destina a cultivos agrícolas, el 15 % a horticultura, el 13 % a ganadería y el 11 % a remediación de suelos degradados. Los porcentajes confirman que la agricultura es el principal motor de adopción, aunque la diversificación de aplicaciones crece de manera sostenida.

El potencial argentino por provincia y el informe que lo cuantifica

El mapa de recursos disponibles en Argentina es concreto y geográficamente concentrado. El país dispone de 40,2 millones de toneladas anuales de biomasa forestal y agrícola, una vez descontadas las demandas regionales existentes. Con un rendimiento promedio del 30 % en los procesos de conversión, esa cifra equivale a una producción potencial de 12,1 millones de toneladas de biocarbón al año, dentro de un rango que va de 8,1 a 20,2 millones según la eficiencia del proceso.

Esos números proceden de un informe del Dr. Maximiliano Garay, ingeniero agrónomo y profesor asociado del Departamento de Agronomía de la Universidad Nacional del Sur de Bahía Blanca, publicado en junio de 2026 como parte de la serie de informes económicos de la Bolsa de Cereales de Córdoba.

La distribución provincial muestra contrastes marcados. Misiones lidera con 1,9 millones de toneladas anuales, a partir de residuos de la industria forestal, el té y la yerba mate. Salta ocupa el segundo lugar con 1,4 millones, impulsada por la caña de azúcar y el banano, y Chaco completa el podio con 1,3 millones derivados del algodón y la actividad forestal. Formosa y Santiago del Estero representan el 11 % y el 10 % de la participación nacional, respectivamente. Córdoba, sede de la institución que encargó el informe, registra un potencial de 139.000 toneladas anuales, principalmente a partir de residuos del procesamiento de maní y de la industria forestal local. Una ironía geográfica que el propio documento deja implícita.

El mercado de créditos de carbono crece pero tropieza con la entrega efectiva

El interés financiero en el biocarbón se tradujo en volúmenes de créditos de remoción de carbono que crecieron de manera acelerada. Desde 2022 se comercializaron más de 4,6 millones de toneladas de créditos derivados del biocarbón. Solo en 2025 se negociaron 2,9 millones de toneladas, lo que representa el 64 % de todo el volumen negociado desde que el mercado existe. El salto fue significativo y posicionó al biocarbón como uno de los instrumentos CDR con mayor liquidez en los mercados voluntarios de carbono.

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El primer trimestre de 2026 matiza ese optimismo. Las compras de créditos alcanzaron 246.000 toneladas en ese período, pero solo el 11 % correspondió a entregas efectivas. El volumen fue un 16 % inferior al mismo trimestre de 2025 y un 30 % menor que el máximo registrado en el primer trimestre de 2024. La brecha entre lo comprado y lo entregado no es un detalle técnico menor: revela que la demanda financiera supera con claridad la capacidad productiva instalada.

Para Argentina, ese desfase representa tanto un obstáculo como una oportunidad sin resolver. El potencial productivo cuantificado por Garay es real y geográficamente distribuido. Convertirlo en créditos que lleguen al mercado con entregas efectivas es el trecho pendiente. Mientras la desaceleración del primer trimestre de 2026 enfría las expectativas más inmediatas, el volumen de biomasa disponible permanece intacto, a la espera de infraestructura y escala que aún no se materializaron.

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