Me caí del mundo y no sé cómo se entra

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Hoy estaba en facebook, compartiendo mucho de nuestro material con ideas para reutilizar y alguien me comento de este escrito de Eduardo, lo leí y no puedo evitar el compartirlo con todos ustedes.

Eduardo tal vez sea el escritor mas popular y humilde de Uruguay, sigue viviendo en una casita modesta, y su gran lujo son los cafés en el Café Brasilero de la ciudad vieja, donde lo que alguna pateamos ese pequeño sector de Montevideo hemos podido verlo y compartir con el.

Al contrario de su humilde presidente, Eduardo si se preocupa por lo que le estamos haciendo al mundo y por el mundo que le vamos a dejar a los que vienen atrás. Le preocupa que por hacer unos pesos más comprometamos el futuro de muchos. Le preocupa que exportemos los sueños de muchos en grandes barcos y nos quedemos sin sueños.

Luego de este prólogo les dejo el escrito de Eduardo, para mayores de 50, aunque creo que todos debemos leerlo y analizarlo y por que no actuar en consecuencia.

Eduardo Galeano

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco. No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales. ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables!

Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo. Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

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Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida. Es más ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas.

El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. Tiramos absolutamente todo. Ya no hay zapatero que remiende un zapatero, ni colchonero que sacuda un colchón y lo deje como nuevo, ni afiladores por la calle para los cuchillos. De “por ahí” vengo yo, de cuando todo eso existía y nada se tiraba. Y no es que haya sido mejor, es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el “guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo”, pasarse al “compre y bote que ya se viene el modelo nuevo”. Hay que cambiar el auto cada tres años porque si no, eres un arruinado. Aunque el coche esté en buen estado. ¡Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo! Pero por Dios.

Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre. Me educaron para guardar todo. Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir.

Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso a las tradiciones) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes, el primer cabello que le cortaron en la peluquería… ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo? ¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

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En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los trapos de cocina, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos…  ¡¡Guardábamos hasta las tapas de los refrescos!! Los corchos de las botellas, las llavecitas que traían las latas de sardinas.  ¡Y las pilas! Las pilas pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil en un par de usos.

Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡Los diarios! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia, para limpiar vidrios, para envolver. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne o desenvolviendo los huevos que meticulosamente había envuelto en un periódico el tendero del barrio! Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer adornos de navidad y las páginas de los calendarios para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos reutilizarlos estando encendida otra vela, y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía “éste es un 4 de bastos”.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Con el tiempo, aparecía algún pedazo derecho que esperaba a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa. Nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Y hoy, sin embargo, deciden “matarlos” apenas aparentan dejar de servir.

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Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de duraznos se volvieron macetas, portalápices y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza y los corchos esperaban pacientemente en un cajón hasta encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables. Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.

Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. De la moral que se desecha si de ganar dinero se trata. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.

No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte en cuanto confunden el nombre de dos de sus nietos, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos en cuanto a uno de ellos se le cae la barriga, o le sale alguna arruga.  Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a mi señora como parte de pago de otra con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que ella me gane de mano y sea yo el entregado.

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12 comentarios en “Me caí del mundo y no sé cómo se entra”

  1. Hola manzana! Me encantó el artículo, creo que Galeano es un gran escritor, y la clase de “activista” que realmente necesitamos. No me gustó que agregaras ‘para mayores de 50’… Por qué?? Porque los más jóvenes no lo entenderían? Al contrario, creo que son ellos los que con más razón deberían leerlo, para saber que existió otra forma de vivir y de relacionarse con las cosas (y con las personas, por supuesto). Una opinión más. Saludos, y continúa compartiendo tus artículos!! 🙂

  2. Maravilloso.100×100 válido. Estoy de acuerdo totalmente. Aqui en Asturias y en el pueblo donde nací y viví mis primeros 20 años, después de 7 años luchando estoy haciendo un proyecto de reciclar todo y hacer realidad este artículo. Ya os lo iré contando. Un abrazo.

  3. diego gomez

    Me gustaría saber por qué crees que el presidente de Uruguay no se preocupa por sus conciudadanos. No entiendo

    1. El da hermosos discursos, y predicas cosas hermosas, pero en la realidad promueve el monocultivo de transgénicos, que hoy afecta al agua potable de la mitad de la población de su país, permiten que se fumigué con agrotóxicos hasta las escuelas, promueve modelos exportadores de materias primas sin ningún valor agregado y con grandes costos ambientales, promueve el fracking, plantas regasificadoras a pocos metros de la ciudad mas grande del país y sus conciudadanos y una gran lista de etc, no se si eso es preocuparse por sus conciudadanos, mejor que se olvide de ellos y los deje un poco en paz, predica crecimiento sustentable y no hace mas que lo contrario.

      1. Ao que parece en Uruguay como en Brasil se pide a los presidentes que hagan todo lo que no ha sido hecho antes en solamente un par de años.

        1. De Brasil no voy hablar, porque no estoy al tanto pero en Uruguay el señor Mujica ya hace mas de cuatro años que gobierna y su partido mucho mas, yo no le pido que haga nada especial, lo que le pido es que no vaya por ahí dando cátedra de sustentabilidad cuando en nuestro país el como ministro de agricultura hace ya unos 9 años atrás le dio la mano a Monsanto y como presidente nos trago la mega minería a cielo abierto, el rey de la sustentabilidad.

  4. Margarita Gower CordobaMargower

    Magnifico el artìculo,interpreta exactamente mi forma de ver el mundo actual,con el cual no me identifico para nada.
    Invito a otras personas a unirnos en este ideal para no seguir contaminando nuestro querido planeta tierra; por mi parte lo enviarè a mis hijos y a todos mis contactos.Gracias por la forma de interpretar el pensamiento de los que seguimos guardando hasta las tarjetas de navidad que nos llegan cada vez menos….

  5. antonio rumbos

    Desde el Amazonas Venezolano me uno a exaltar el artìculo de galeano y a reivindicar al brillante presidente de uruguay, quien se luciò en la cumbre de CELAC. Oh jala tuviésemos mas humanos como estos.

  6. Gracias por compartir un articulo tan bueno, no conocía estas palabras del maestro las disfrutamos en familia.

  7. Muy buen artículo,me gustaría compartir un escrito más de Galeano que me gusta mucho:

    “Del topo aprendimos a hacer túneles;de los castores aprendimos a hacer diques;de los pájaros,casas;de las arañas,a tejer;del tronco que rodaba cuesta abajo,aprendimos la rueda;del tronco que flotaba a la deriva,aprendimos la nave;del viento aprendimos la vela;pero… quién nos habrá enseñado las malas mañas? De quién habremos aprendido a humillar al mundo y atormentar al prójimo?”

  8. Leo y leo este escrito, y también lo he compartido tantas veces he podido con quienes les agrada el tema.

    Los ricos haciendose mas ricos por nuestro cosumismo, y todos colaborando a perder poco a poco nuestro planeta tierra…

    Trabajamos para vivir, pero vivimos para trabajar…
    Queremos respirar un instante de aire puro, pero no plantamos ni un árbol, vaya hay hasta quienes en su desinterés prefieren un adorno de plantas de plástico…
    Queremos que el dinero nos alcance, pero cosumimos productos de poco valor y practicamente desechables y hay que volver a comprar otro para sustituir el roto…
    Queremos ser saludables, pero nos es mas práctico en nuestra carrereada vida hacer una sopa instantánea…
    Queremos hijos felices, pero les compramos un aparato que los mantiene enchufados en la televisión…

    Dios!! para donde vamos!!quejarnos no ayuda…

    Gracias Raul!! por que has sido inspirador de mucha gente en el mundo… Intento tener un huerto, y es mi colaboración al mundo, y la herencia para mi hija… saber obtener su alimento y no solo trabajar para otros.

  9. Yo tengo 37 años y uso pañales desechables, tiro todo lo que no me sirve y vivo esclava de un trabajo para que mi jefe se haga rico cada día. Y de repente me doy cuenta que este mundo no es el que quiero, y empiezo a guardar las bolsas de los regalos de mis hijos en sus cumpleaños en navidad, y cajas de cartón para decorar y hacer manualidades con ellos, y mi celular que ya cada vez le caben menos apps tiene más de un año conmigo, y me doy cuenta de la cantidad de basura que generamos en la casa y en el trabajo. Y empiezo a tratar de cambiar. Hay cosas de antes que no me gustan y cosas de ahora que tampoco me gustan. Y estoy intentando cambiarlo. Y me encuentro con mujeres de mi generación conscientes de esto también trabajando para cambiar las cosas, muchas ya regresaron a los pañales de tela… y a la lactancia, y a evitar la comida procesada, y a los limpiadores caseros con vinagre y agua… Y necesitamos ser más conscientes, las madres y los padres jóvenes, para educar a nuestros hijos de una forma diferente a la que nosotros fuimos…

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